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Crisis en rutas marítimas encarece comercio mundial y presiona a consumidores

agosto 27, 2026 · Comercio

La creciente inseguridad en algunas de las principales rutas marítimas del planeta, desde el mar Negro y el mar Rojo hasta el estrecho de Ormuz, eleva los costos del transporte, los seguros y la energía, con repercusiones cada vez mayores sobre el comercio y los consumidores.

Las interrupciones provocadas por conflictos armados obligan a las navieras a retrasar operaciones, modificar itinerarios o evitar determinadas zonas, lo cual incrementa los tiempos de tránsito y los gastos de combustible.

El fenómeno afecta especialmente los flujos de cereales, hidrocarburos y mercancías transportadas en contenedores, y añade nuevas presiones inflacionarias a una economía mundial cuyo crecimiento podría desacelerarse al 2,5 por ciento durante 2026, según el Banco Mundial.

Mar Negro

La intensificación de los ataques rusos y ucranianos contra puertos, buques e infraestructuras marítimas incrementó considerablemente los riesgos para el tráfico comercial en el mar Negro.

Los puertos de la región ucraniana de Odesa, esenciales para la exportación de cereales y aceites vegetales, perdieron alrededor de un tercio de su capacidad en medio del aumento de los bombardeos, de acuerdo con datos citados por Reuters.

Antes de la reciente escalada podían gestionar aproximadamente seis millones de toneladas mensuales, frente a cerca de cuatro millones en la actualidad. Más del 90 por ciento de las exportaciones ucranianas de cereales y aceites vegetales depende de esos puertos.

Las acciones militares contra embarcaciones y terminales portuarias aumentaron asimismo la incertidumbre entre armadores y aseguradoras, mientras las rutas alternativas terrestres y fluviales no poseen suficiente capacidad para sustituir completamente las operaciones del mar Negro.

La situación representa además un riesgo para los mercados agrícolas internacionales, debido al peso de Ucrania como exportador de trigo, maíz y otros productos básicos.

Mar Rojo

El mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb constituyen otro de los principales focos de tensión para el transporte internacional.

Los ataques contra embarcaciones llevaron durante los últimos años a numerosas compañías a evitar el canal de Suez y utilizar la ruta más extensa alrededor del cabo de Buena Esperanza.

Datos del sector muestran que el tráfico por Suez continúa muy por debajo de los niveles anteriores a la crisis y que, en distintos períodos, la capacidad transportada cayó entre aproximadamente 50 y 64 por ciento respecto a 2023.

Las nuevas amenazas hutíes mantienen a los armadores en alerta y reducen los incentivos para retornar plenamente a esa vía, pese a los esfuerzos de Egipto por recuperar el tráfico marítimo.

Desviar un buque alrededor de África añade varios días a la travesía entre Asia y Europa y supone un mayor consumo de combustible, utilización prolongada de las embarcaciones y costos adicionales de personal y seguros.

Las primas por riesgos de guerra aumentan también rápidamente cuando se producen nuevos ataques, lo que eleva el precio final del transporte de mercancías.

Estrecho de Ormuz

La situación más delicada se concentra actualmente en el estrecho de Ormuz, por donde circulaba antes de la actual crisis una parte sustancial de las exportaciones mundiales de petróleo y gas procedentes del Golfo.

El tráfico comercial cayó a una fracción de sus niveles habituales desde el comienzo de las hostilidades de finales de febrero, mientras numerosas embarcaciones permanecen detenidas o evitan cruzar la zona debido a los ataques y al elevado costo de los seguros.

Informaciones recientes indican que el tránsito se mantiene por debajo del 10 por ciento de los niveles normales en determinados momentos.

La paralización parcial de Ormuz afecta especialmente al mercado energético mundial, debido a que esa vía concentra aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado internacionalmente.

Irán y Omán mantienen conversaciones destinadas a establecer mecanismos que permitan reanudar gradualmente la navegación, aunque persisten diferencias entre Teherán y Washington sobre las condiciones para una reapertura completa.

La incertidumbre respecto a Ormuz incrementó además la volatilidad de los mercados petroleros y elevó la preocupación de los países altamente dependientes de las importaciones energéticas.

El consumidor mundial paga las consecuencias

Las repercusiones de esas crisis marítimas no quedan limitadas a los propietarios de buques o a las empresas energéticas.

El incremento de los costos de transporte, combustible, almacenamiento y seguros termina trasladándose progresivamente a productores, importadores, comercios y consumidores.

Productos alimentarios, bienes manufacturados, fertilizantes, combustibles y materias primas pueden encarecerse cuando los trayectos se prolongan o las empresas deben pagar primas extraordinarias para mantener sus operaciones.

El Banco Mundial advirtió en junio que el conflicto en Oriente Medio ya provocó fuertes aumentos de los precios energéticos y renovadas presiones inflacionarias, además de contribuir al debilitamiento de las perspectivas económicas internacionales.

El organismo proyecta un crecimiento mundial del 2,5 por ciento este año, frente al 2,9 por ciento de 2025.

Fuente: Sana